martes, 20 de noviembre de 2007

En mis laboreos alrededor del viejo pozo he descubierto restos de vasijas de distintos tipos y épocas, hasta alguna de origen árabe y romana, alguna moneda antigua sin valor y trozos de hierros desconocidos, una herradura con siete agujeros que según dicen trae suerte y la tengo colgada de un clavo bajo el porche. ¿Cuántos pies habrán pisado por aquellos alrededores?... Quizás durante miles de años las gentes de todos los contornos acudían a este pozo porque dicen que el agua es la mejor de todas; ahora está sucio, atorado de piedras y ramas. Una vez introduje un cubo y la probé sin reparo, apareció limpia y cristalina, muy fría y de buen sabor. Ahora está medio derruido y sin polea, ya es un viejo pozo abandonado y posiblemente en su fondo guarde tantas cosas desconocidas y aún me da la tentación y curiosidad por descubrirlas pero nunca me atreveré a bajar, tiene más de quince metros.

Sigo mis pasos y me paro a la sombra del nogal con sus nueces aún tiernas, están en su punto para preparar un sabroso licor con 13 nueces cogidas el día de San Juan, 4 litros de vino blanco y 4 kg. de azúcar; la preparación es muy sencilla: el mismo día de San Juan se cogen las nueces, se cortan en rodajas muy finas y se introducen en una garrafa de aproximadamente 6 litros, diluir el azúcar en parte del vino a fuego lento, poner el resto del vino junto con el azúcar disuelta en una garrafa y esperar hasta el día 24 de diciembre que estará en su punto para servir y degustar después de filtrar y embotellar; tomado muy frío o con hielo está riquísimo en los calurosos días de verano.

Miro a la derecha y veo los avellanos con sus grandes y brillantes hojas de un color verde oscuro que en sus axilas esconden los frutos madurando para ser recolectados dos meses más tarde, un poco antes que las nueces, con las que se confeccionarán sabrosos turrones; debajo de los avellanos encuentro unas plantas de fresias que conservan alguna flor de un perfume penetrante que se puede apreciar desde bastante lejos sin poder conocer su presencia hasta estar muy cerca de ellas; por la rejilla trepan sin descanso buscando la luz solar las plantas de los kiwis en plena floración, son flores hermosas , las de la hembra más pequeñas muy abiertas esperando el polen de las plantas macho que las fertilice, el viento y las abejas se encargan de su transporte; bajo los kiwis están las calas con sus blancas flores apuntando hacia el cielo ofreciendo a la Virgen maría su esplendor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bello...poder contemplar tanta belleza.
Quien sabe todas las historias que tiene ese pozo?!